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«Hay gente que tiene mucha necesidad, pero no solo de sexo, sino de hablar»

«Las prostitutas no debían estar tan marginadas, porque son útiles para la sociedad, no sólo por el sexo, sino por la labor que hacen escuchando a los hombres lo que no les quieren escuchar en casa». Así se expresaba Ibis Suárez, el nombre supuesto de una zamorana que tuvo hasta hace dos décadas un negocio de prostitución en el barrio de La Lana, en funcionamiento durante 30 años. Natural de Madrid, aunque residente en Zamora hace muchos años, la ponente ayer en el ciclo sobre explotación sexual en La Alhóndiga.
«Tenían que estar un poquito mejor miradas», cuenta Ibis de unas chicas que «no vienen forzadas, pero sí engañadas, porque les dicen que en España van a encontrar un trabajo rentable y cuando llegan aquí se encuentran con el panorama de que ni tienen trabajo ni tienen nada. Las meten entonces en cualquier club, de principio las explotan todo lo que pueden hasta que ellas ven la forma de escaparse, aunque normalmente tienen que pagar una cuota alta». En su bar trabajaban habitualmente entre doce y quince mujeres, la mayoría extranjeras, alguna española y ninguna zamorana «porque se suelen marchar de su entorno. No les gusta decirlo porque muchas familias no lo aceptan muy bien, no sé por qué, si no tienen más oficio y muchas han de mantener a hijos o ayudar a los padres».
Para Ibis, la prostitución «no es denigrante, es más bien un trabajo muy duro al que no puedes poner mala cara o un gesto de desagrado». Asegura que «el negocio de las dueñas no era muy lucrativo con las chicas, lo era más el bar, por las copas. El negocio del bar es rentable, porque lo que dan las mujeres es poquita cosa». Respecto a las chicas, «el 80% se dedican al oficio por necesidad» y ganan dinero «dependiendo de la categoría de mujer: hay unas que ganan lo justito para malvivir y otras que tienen un porcentaje alto de ganancias».
laopiniondezamora.es
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