| Francia estudia reabrir los burdeles. |
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El 59% de los franceses se declara favorable a la reapertura de los burdeles. Están proscritos en el Hexágono desde 1946, pero Chantal Brunel, diputada del partido sarkozysta (UMP), ha llevado al Parlamento la iniciativa y el debate de las maisons closes. Sus razones estriban en que los lupanares facilitan que la prostitución pueda ejercerse bajo control legal, fiscal y sanitario. Propone al mismo tiempo eliminarla de las calles y los espacios públicos, aunque va a costarle trabajo obtener el consenso de las cámaras. La división se percibe en unos partidos y en otros. Probablemente en razón de los matices morales o de un cierto pudor hipócrita. Trabajan en Francia entre 20.000 y 30.000 profesionales del sexo. El 90% son extranjeros, aunque la prostitución ocasional se eleva a 60.000 ejemplos. Mucho más abundante entre mujeres. Los números explican que Chantal Brunel haya considerado necesario e improrrogable crear un nuevo marco. No sólo por adecentar los burdeles. También para que los controles y las reglas dificulten la explotación y la tarea de los proxenetas. Había censadas en Francia después de la II Guerra Mundial 1.400 maisons closes. Empezando por las 300 localizadas en París, muchas de ellas reconocibles con indicaciones sutiles en los portales o populares gracias al boca a boca de los clientes. "Gracias a los burdeles, las prostitutas estarían protegidas de las agresiones de la calle. No sería obligatorio que tuvieran un patrón. Habría un seguimiento médico para luchar conra el sida, y tendrían más garantías legales", explicaba a Le Parisien Chantal Burnel. Dicen las encuestas que los hombres son más favorables (70%) que las mujeres (49%) a reabrir los lupanares. Y dicen las evidencias que los primeros frecuentan la prostitución 10 veces más que las segundas.
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