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y se ha detenido a 461 responsables. Pero es
difícil determinar a cuántas personas controlan.
'Es prácticamente imposible saberlo, porque la mayoría
de las prostitutas está en situación ilegal y las
hay en saunas, en polígonos industriales, en locales de alterne,
en la vía pública y hasta en parques', dice Alfonso
Pérez, de la Comisaría General de Extranjería
y Documentación.
La Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne
(ANELA) maneja la cifra de 300.000 prostitutas. 'Pero si le digo
que hay 800.000, tampoco encontraría argumentos para rebatirme',
continúa Pérez.
En cualquier caso hay muchas, demasiadas personas
que trabajan en un mercado del que poco se sabe, que crece a pasos
agigantados y que comunidades como Cataluña, Valencia o Andalucía
están tratando de acotar, con medidas como la regularización
de los prostíbulos, la prohibición de ejercer en la
calle o programas sociosanitarios. Pero situaciones como las de
la Casa de Campo, en Madrid, serán muy difíciles de
encorsetar en una ley. En unos tres kilómetros de este parque
se venden cada día miles de mujeres y transexuales. El mercado
es tan boyante que cada madrugada los vehículos de clientes,
la mayoría solos, emulan los atascos que vive Madrid de día.
'Si hay tantas mujeres es porque hay clientes',
aseguraba en la noche del miércoles un miembro de Médicos
del Mundo. Esta organización, que tiene un programa de reducción
de daños asociados a la práctica de la prostitución
-también en Sevilla, Baleares, Canarias, Galicia y Valencia-,
manejaba un archivo con 5.600 mujeres que trabajan en ese parque
y que alguna vez les han pedido preservativos o una revisión
médica.
No están al mismo tiempo, pero siempre
hay: a primera hora de la mañana, al mediodía y por
la tarde. Y, sobre todo, entre las 21.30 y las seis de la mañana.
Se muestran al borde de la carretera, entre los árboles,
y completan sus servicios en los coches de los clientes o entre
los matorrales.
Las inmigrantes ya son mayoría: un 66% de quienes ejercen
la prostitución
Como Osadolov Isoken, una nigeriana de 21 años que asegura
haber ejercido la medicina en su país, pero que desde hace
año y medio vive de entregarse a 'seis o siete hombres',
la media que asegura tener cada día: 'Quiero quedarme unos
cuatro años, pero cuando tenga mis papeles, voy a buscar
otro trabajo'.
'Eso es lo que dicen todas las mujeres prostituidas,
que es temporal', asegura Mari Patxi Ayerra, que lleva años
trabajando con ellas a través de Cáritas. 'Conozco
a una de 76 años que también lo repite. Pero es difícil
que salgan, porque son mujeres que psicológicamente no están
bien, porque han sido agredidas en lo corporal, pero que mentalmente
tienen una confusión interior muy fuerte, de baja autoestima
y carencia de afectos, y que no suelen estar formadas socialmente.
Es una mujer que padece a una sociedad que la usa, pero que la niega'.
El retrato de la mujer que ejerce la prostitución
lo completa el Informe de Exclusión de 2001 que elaboró
Médicos del Mundo a partir del contacto con las mujeres que
acuden a sus programas. Y de él se deduce un drástico
cambio en los últimos años. 'Ha disminuido su presencia
la prostituta típica, mujer, madura, española', señala.
Era la profesional tradicional, con experiencia y que procuraba
ofrecer un buen servicio para fidelizar al cliente.
Primero le ganó la partida la toxicómana,
que buscaba pagarse la dependencia. Pero ésta también
se ha encontrado que ya no es competitiva. 'En los últimos
años su presencia ha decrecido', dice el informe, 'por el
aumento de los programas con sustitutivos opiáceos y por
el fenómeno de la inmigración, con la llegada de muchas
mujeres, principalmente del África subsahariana, jóvenes,
de aspecto saludable y que hicieron caer los precios'.
Las inmigrantes ya son mayoría: un 66%
de quienes ejercen la calle. Proceden sobre todo de África,
de Latinoamércia y de los países del Este, donde padecen
situaciones de extrema pobreza. 'Cuando llegan, lo que más
dinero les ofrece es la prostitución y ellas lo que quieren
es mejorar su situación. De hecho, aportan una cantidad de
ingresos a sus países que es fundamental', asegura Isidro
Burgos, de Médicos del Mundo.
'En mi país, la policía, sólo
por ser como somos, nos coge y nos lleva presas', cuenta Joyce,
una transexual ecuatoriana de 28 años. 'Pero, además,
está la situación económica. Y por ser como
soy no me dan trabajo. Aquí hay muchas maneras de buscarse
la vida, pero la gente también nos discrimina'.
A ello se añaden la falta de papeles y
los problemas de vivienda. Pero, sobre todo, padecen el grillete
de las redes de tráfico. 'Las captan en sus países
de origen entre las más necesitadas y les prometen un trabajo
digno según el nivel cultural. Son chicas de entre 19 y 30
años, agraciadas físicamente', explica Alfonso Pérez.
'Luego les facilitan una bolsa de viaje, con la documentación
y el dinero que se les pueda exigir en el puesto fronterizo para
probar su condición de turistas'. La mayoría no llega
directamente a España, sino que lo hacen a través
de Holanda, Francia o incluso Italia, viajando por carreteras secundarias,
o, en el caso de las africanas, a través de Marruecos, en
patera.
Una vez en España, las llevan hasta su
destino, que puede ser un club de alterne o un piso de acogida.
Allí les quitan la documentación, el billete de regreso
y el dinero y les explican sus condiciones laborales. Para someterlas,
reciben malos tratos físicos y psíquicos y, en el
caso de las nigerianas, el rito vudú, que las aterroriza.
La policía ha llegado a encontrar documentos,
firmados por ambas partes, en los que las mujeres reconocían
una deuda con la organización, que a cambio disponía
de su vida. 'Quedan sometidas durante años, porque la deuda
inicial se agranda, ya que van añadiendo el pago de la casa,
de la comida y el vestido', añade Pérez.
Las que trabajan en locales de alterne pertenecen
normalmente a una cadena. 'Ocupan una plaza en periodos de tres
semanas o 15 días y van de un local a otro', explica Pérez.
Se trata de impedir que se habitúen a la presencia de determinados
clientes y de variar la oferta del local. Y, si no, los locales
se las 'venden' entre ellos. 'Como si fueran animales'.
La situación de las que ejercen en
la calle les permite elegir clientes y días de descanso.
Pero su situación no es mejor. Tienen la libertad del taxi
libre.
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