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| CARTA DEL DIRECTOR. "Las Putas" | |||
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Jesús S. Carrascosa A mí no me parece mal que las putas tengan sus papeles como todo el mundo. Al fin y al cabo son trabajadoras como otras. No es que a mí me parezca bien que se dediquen a eso. Es más, si yo fuera una mujer no sería puta. Debe ser horroroso. Pero si ellas deciden vender su cuerpo, como yo vendo diarios, están en su derecho a que eso se regule. Sería absurdo oponerse a una actividad puramente comercial en la que hay unos hombres dispuestos a pagar para que una mujer les satisfaga sus apetencias de sexo y unas mujeres que están dispuestas para hacer esos servicios a cambio de dinero. No creo que perjudiquen a nadie siempre y cuando guarden las normas de higiene y respeten a las personas que no quieren ni ver este mercado de cuerpos en las calles. De hecho, los clubes de alterne funcionan a pleno rendimiento. Son unas
empresas como otras, con sus empleadas, sus clientes y sus cuentas de
resultados. No hay nada que objetar salvo que deben pagar a Hacienda como
lo hacemos todos. Deben cumplir las reglas de seguridad e higiene en el
trabajo igual que los demás. Y no le hacen daño a nadie.
Son mucho más dañinos los estancos que venden tabaco que
produce cáncer. Y son más dañinos los bares de copas
que sólo venden bebidas alcohólicas que destrozan personas
y familias enteras. Incluso a los garitos con máquinas tragaperras
no le veo yo la utilidad salvo la de arruinar a los más débiles
en el control de sus emociones. Dejen pues que cada uno desarrolle su
vida privada como quiera. ¿No les parece? Claro.
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