N O T I C I A S

La Carlota (El Mundo)
Escándalo en S´candalo

El Mundo edición Andalucía 28/10/2001

LA CARLOTA.- La Casa Verde más famosa del pueblo cordobés de La Carlota tiene un nombre tan bueno como su prostíbulo hermano de la novela de Mario Vargas Llosa: S´candalo. La semana pasada, este club de alterne que opera legalmente como hostal fue escenario de una gran redada que luego sería publicitada a bombo y platillo el domingo en la capital cordobesa por el director general de la Policía, Juan Cotino, aprovechando que ese día asistía a la boda del torero Finito de Córdoba.
La operación en S´candalo, anunció Cotino, formaba parte de una acción combinada en varios puntos de España que había permitido la desarticulación de tres redes dedicadas a la introducción de inmigrantes para dedicarlas a la prostitución. "Continuaremos persiguiendo a este tipo de criminales que se dedican a tratar con personas y esclavizarlas".
S´candalo ha vuelto a reabrir as usual, pero ahora quienes están escandalizados son los encargados y las prostitutas, que hacen coro a dos voces contra la Policía. "Dicen que aquí nos maltratan y es mentira, los que nos maltratan son ellos", protesta Leonella, una colombiana de 19 años que vino a alquilar su esbelto cuerpo a España en cuanto cumplió la mayoría de edad. "Se han querido colgar una medalla", suelta enfadado Juan, que se presenta como abogado de Alberto Bellido Barrionuevo, titular de este local y del club homónimo de Málaga.
Bellido pertenece a la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne(Anela), creada este año por comerciantes del sexo que reclaman la "normalización" de la prostitución y que las mujeres que la ejercen (y de la que ellos se enriquecen) puedan darse de alta como autónomas en la seguridad social. Su lema en esta campaña de limpieza de imagen es un triple no; no drogas, no mujeres obligadas, no menores.
"No hay nada que ocultar", dicen al periodista invitándolo a un tour improvisado pero lleno de intenciones publicitarias. En el despacho, al estilo Miami Vice, con varios monitores de videos de vigilancia internos, sofá de piel y un desnudo al óleo, el "abogado" ironiza sobre la efectividad de la última redada, en la que policías acompañados por inspectores de trabajo iniciaron los trámites de las propuestas de expulsión para 37 mujeres por estancia irregular en España. "Estas son las pobrecitas que pierden. Hoy echan a 50 y mañana van a entrar otras 50 nuevas por la frontera".
El negocio funciona como una simbiosis perfecta en el filo de la legalidad: las chicas son "huéspedes" del hostal y pagan 7.000 pesetas por la pensión completa, con piscina incluida. Este dinero y el que obtienen por las bebidas que se toman las chicas con sus clientes en el bar (1.200 el whisky) es, dice la empresa, su única fuente de ingresos. ¿No cobran comisiones a las mujeres por sus servicios sexuales? No, afirman ellos; no, responden ellas. Dicen que lo que las "huéspedes" hagan con su cuerpo en sus habitaciones es "asunto suyo", y que el dinero que ganan (de 6 de la tarde hasta la madrugada) es de ellas: a partir de 6.300 pesetas por felación y coito de 20 minutos.
El periodista pide a los hombres de la dirección hablar con varias chicas a solas, sospechando que puedan estar coaccionadas. Acceden, salen y dejan la puerta entreabierta. Pero enseguida se hace evidente que aquí no hay ni esclavas liberadas ni mujeres retenidas contra su voluntad. Lo único que las retiene en España, dicen, es "el hambre" y la falta de oportunidades en sus países. También la tentación del dinero amasado en poco tiempo.
Sentadas en el sofá de piel, siete jóvenes de Colombia, Rumanía y Hungría (también hay rusas, brasileñas o eslovacas en el local, ni una española) hablan maravillas de las mamis y los papis del personal (limpiadoras, cocineros, conserjes, gorilas). "Podemos entrar y salir cuando queramos. Somos autónomas", dice segura Andrea, nombre "artístico" en realidad de María, una mulata de 21 años venida de Cali y vestida, como las demás, con bikinis y minivestidos superescotados. "Lo que hagamos con nuestro cuerpo es asunto nuestro", añade su paisana Liliana de 26.
Que esto es un negocio redondo no es noticia, y nadie lo oculta. Alberto Bellido, el titular del negocio, conduce un Mercedes S-320 de doce millones de pesetas. No está mal para un protésico dental que hace cinco años empezó en el mundillo de los clubes de alterne vendiéndoles móviles a las inquilinas.
Dice que sus dos locales dan de comer a las familias de sus 55 empleados españoles. Sin contar a los taxistas de La Carlota que llevan y traen a las chicas, la peluquera del pueblo que viene a peinarlas o el ginecólogo y la ATS que acuden cada miércoles a pasarles revisión. Higiene y salud laboral. La máquina debe seguir trabajando.

"La que venga engañada es tonta"

LA CARLOTA.- ¿Estáis aquí porque no encontráis otra cosa o porque se gana mucho dinero? "Por las dos razones", responde Elena, la "abuela" del grupo con 33 años, viuda ya y con un hijo de 13 que se cría con una hermana en Galati, Rumanía. Su paisana Cindy (Ramona en el pasaporte), con melena teñida de rubio y un vestido rojo fuego abierto en canal, se ríe de los que se apiadan de ellas. "La que diga que viene engañada es tonta. ¿Cómo te va a traer alguien obligada, atravesando tantas fronteras?".
Ramona, Cindy, tiene 21 años y lleva en España 6 meses. Habla ya un español afilado.
"Tuve que dejar los estudios de Física y Químicas porque no podía pagarlos. Somos putas pero muy inteligentes".
"Engañadas llega una de ciento -insiste Marta, colombiana de Barranquilla-. Todas saben a lo que vienen".
Luego cargan contra la policía. "Nos decían que colaboráramos si no queríamos que nos repatriaran. Tardaron mucho en traernos abogados, yo me negué a firmar", explica Elena.
"Pedí agua en comisaría y uno me dijo que bebiera del wáter, como a una perra", se queja Ramona. "A una compañera un policía le dijo que le devolvía el pasaporte si se la chupaba", apuntan varias.
"Somos libres". Pero antes muchas han tenido que pagar por su libertad a los traficantes que las trajeron a España. Es el caso de Leonella, la chica de 19 años. "Me costó un millón de pesetas venir. Tardé dos meses en pagar la deuda, en un local de Galicia. Ahora soy una folladora autónoma", dice riéndose.
Alberto Bellido, el dueño legal de S´candalo, dice que no compran mujeres a intermediarios, sino que ellas mismas se ofrecen. "En Málaga hay lista de espera de un mes para entrar. El teléfono no para de sonar. Si llama algún hombre ofreciendo a su prima, le colgamos".
"Este año han pasado por aquí 900 chicas. Cada día enviamos a la Guardia Civil la lista de huéspedes. Si tienen caducado el visado, no es problema nuestro", afirma José Joaquín, el contable. "Es que no podemos facturar", razona Andrea, apuntando al problema que, unido al hecho de ser inmigrantes irregulares, enturbia su situación.
En Alemania acaban de aprobar la ley que permitirá a las protitutas cotizar como autónomas y cobrar el paro.
Las chicas de La Carlota no lo sabían, pero piden que se siga el ejemplo. "Queremos estar legal, no salir huyendo como delincuentes".
En la barra ya hay varios clientes, como ese padre de familia calvo y tranquilo que se deja llevar de la mano por una adolescente negra y altísima escaleras arriba.

Elena, la "abuela", no está preocupada. "Si me mandan a Rumanía puedo volver otra vez".