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| NEGOCIO DEL SEXO. Interior de un club de alterne,
con varias de sus chicas junto a la barra. / L. V. |
PROVINCIA
ALICANTE
Los clubes instan a Interior a erradicar las 'mafias' para regularizar
la prostitución
La Asociación de Locales de Alterne cree una «barbaridad» cerrar
un negocio en el que ofrezca servicios sexuales una 'sin papeles' y atribuye
a la delincuencia rumana los casos de extorsión
28/12/2003
JOSÉ C. MARTÍNEZ/ALICANTE
Los clubes se han decidido a alzar la voz y señalar con
pelos y señales cuáles son los males que, a su entender,
impiden que la prostitución se convierta en un sector normalizado.
La Asociación
Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (Anela), en la que también
se agrupan socios de la provincia de Alicante, insta al Ministerio
del Interior a poner fin a las mafias que, desde su punto de vista,
controlan
buena parte del negocio.
Dentro de la delincuencia organizada, subrayan la importancia de las
bandas de nacionalidad rumana, a las que atribuyen la inmensa mayoría de
las situaciones de explotación sexual. «Nosotros pretendemos
establecer unos estrictos parámetros de calidad, pero nos es imposible
controlar a los rumanos, unos auténticos especialistas en la falsificación
de documentos para menores de edad y que utilizan a otras mujeres como
intermediarias para controlar a la chicas», argumenta el secretario
técnico y jefe de los servicios jurídicos de Anela, José Luis
Roberto.
La asociación subraya que Alicante es una de las zonas en las que
resulta más evidente el problema descrito. No en balde, las intervenciones
de la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía contra redes
de proxenetas tienen como protagonistas a delincuentes del antiguo
estado comunista.
Anela aboga por la regularización total de los servicios sexuales,
en régimen similar al que pueda tener cualquier otra actividad económica,
pretensión que choca de lleno con el Gobierno. Pero antes cree prioritario
que las trabajadoras del sexo actúen en libertad, sin ningún
tipo de coacciones.
La asociación de locales de alterne considera una «barbaridad» la
reciente reforma del Código Penal que ampara el cierre de un club
en el que las fuerzas de seguridad encuentren una inmigrante indocumentada. «No
tenemos conocimiento de que se haya hecho ninguna propuesta de este calado
ni creemos que se vaya a hacer, porque es un despropósito»,
señala el especialista en asuntos jurídicos de Anela.
A su juicio, la normativa aprobada se equivoca al castigar de este
modo lo que sólo es una infracción administrativa. La legislación
prevé la actuación contra quien obtenga un beneficio económico
de la prostitución, aunque sea con el consentimiento de la chica. «Por
esta regla de tres, también se podría cerrar un periódico
que cobra por poner anuncios de casas de masajes o de cualquier club»,
razona Roberto.
El letrado agrega que las mujeres sin papeles que pueda haber en
un establecimiento no deben ser vistas como trabajadoras, sino como
huéspedes de un
hotel. Ése es el punto de vista que defiende la única agrupación
de clubes de ámbito nacional.
Otro de los grandes objetivos de Anela se basa en favorecer la desaparición
de la prostitución callejera. Para ello, ya ha lanzado propuestas
que consistirían en la utilización de establecimientos hoteleros
de afiliados. La iniciativa, obviamente, es inviable sin la aceptación
de las trabajadoras sexuales, coartadas habitualmente por los vulgarmente
conocidos como chulos.
«
La prostitución callejera está controlada por mafias y drogadictos.
Una regulación con garantías haría necesario el uso
de diferentes hoteles, ya que concentrar la actividad en unos pocos sería
un estigma», expone Anela.
Locales censados y controlados es, desde el punto de vista de la
entidad, la única fórmula para «combatir las mafias».
En la actualidad, de acuerdo con el análisis de Anela, en la provincia
y en el resto de la Comunidad existe «una especie de nebulosa en
la que conviven prostitutas en libertad y obligadas, sobre todo por rumanos».
Las complicaciones aumentan si se tiene en cuenta que los auténticos
proxenetas pocas veces dan la cara: «Hay grupos de cinco o seis chicas
vigiladas por otra compatriota. Y cuando ella observa algo raro, enseguida
las cambia de club. Encima, las víctimas llevan poco tiempo en el
país y no conocen el idioma».