Domingo
30 de diciembre de 2001 - Número 324
PROSTITUCIÓN | UN OFICIO
EVOLUCIONADO
Hoteles con cama caliente
LOS CLÁSICOS locales de alterne, cuestionados
por la ley, empiezan a ser sustituidos por complejos
hosteleros donde las mujeres también son «clientas».
Presumen de estar alejados del sórdido mundo que
rodea a la prostitución
|
| El Romaní es uno de los locales de alterne más
clásicos de Valencia. Hace unos años cambió
de imagen y se reconvirtió en un hotel-plaza,
es decir, un complejo hostelero donde un centenar
de chicas vive en régimen de pensión completa
y trabaja en su propia habitación con derecho
a utilizar sus instalaciones: gimnasio, boutique,
piscina, restaurante, peluquería... |
Una gasolinera a la
izquierda y una nave industrial a la derecha flanquean
el Cotton Club, un local de alterne enclavado en
la localidad madrileña de Humanes, en pleno epicentro
de los barrios obreros del sur de la capital. La
puerta principal conduce al club propiamente dicho:
dos barras, una amplia pista de baile en el centro,
música caribeña a todo volumen y chicas, muchas
chicas, luciendo palmito con la ropa más provocativa
que uno se pueda imaginar.
A las ocho de la tarde de un día entre semana cualquiera,
el local está bastante concurrido. Hombres de todas
las edades y vestidos con ropas que denotan su diferente
origen social se «dejan querer» por las mujeres
mientras apuran la copa de rigor.Las miradas se
entrecruzan a muchos metros de distancia, las manos
de ellos navegan por los traseros de sus amigas,
las de ellas se pierden por la entrepierna de los
recién llegados, risas, alegría, caras de aburrimiento...
Otra puerta, más discreta y alejada de la principal,
sirve de acceso a lo que parece un pequeño y confortable
hotel de carretera.Y aunque ambos recintos están
comunicados, el ambiente es totalmente distinto.
Las chicas, sudamericanas en su mayoría, llegan
a la recepción acompañada de su cliente. Éste factura
con la recepcionista el coste del servicio 7.000
pesetas y sube a la habitación de la mujer sin más
dilación. Media hora después, el hombre sale por
la discreta puerta del hotel mientras que su amiga
regresa a la sala de baile.
¿LOCALES DIFERENTES?
A pesar de que su funcionamiento se asemeja al de
cualquier otro de los 200.000 locales de alterne
que existen en España, sus promotores insisten en
que es diferente. El local crea el ambiente la discoteca
, consigue la clientela publicidad orientada a los
hombres y facilita a las chicas la posibilidad de
vivir en el propio hotel a pie de obra en régimen
de pensión completa y en habitación triple por 6.000
pesetas diarias. En teoría la negociación sexual
queda por cuenta de la profesional y la empresa,
aparte de los ingresos por la gestión de las habitaciones
como en cualquier establecimiento hostelero se lleva
la mitad del coste de las consumiciones (entre 3.000
y 5.000 pesetas).
Con este sistema, el Cotton Club se incluye en los
llamados clubes plaza llamados así porque las mujeres
tienen que pedir plaza para trabajar comprometiéndose
a permanecer por lo menos tres semanas y que se
caracterizan por estar a las afueras de las grandes
ciudades, tener accesos fáciles y toda clase de
servicios: sauna, restaurante, piscina, peluquería,
boutique, gimnasio, etcétera. Suelen ser grandes
complejos hosteleros, con una importante inversión
económica, donde la etiqueta en el servicio es obligatoria
y las licencias legales están al día. También, la
propaganda de estos clubes destaca que las mujeres
que allí trabajan son también clientas del establecimiento,
no están en manos de ninguna mafia de proxenetas
y se mantienen al margen del sórdido mundo que se
mueve alrededor del negocio de la prostitución.
A principios de mes, el Cotton Club fue distinguido
por la Asociación Nacional de Empresarios de Locales
de Alterne (ANELA) con el «sello de calidad» (una
placa metálica colocada en un sitio bien visible
de la recepción o a la misma puerta del establecimiento)
que garantiza al usuario que el local se identifica
y cumple con las normas que le permitieron ser aceptado
por esta organización empresarial: tener al día
el libro de personal y Seguridad Social, disponer
de un control sanitario sobre todos los trabajadores,
que ninguna mujer que alterne en la sala de fiestas
lo haga contra su voluntad, que sea mayor de edad
y que se persiga el tráfico y consumo de drogas
en su interior.
Actualmente el número de clubes de plaza afiliados
a ANELA es de unos 200, algo menos del 10% del total
nacional. «Lo que distingue a los hoteles-plaza
del resto de locales son lo que nosotros llamamos
las tres «S»: un buen Servicio, Seguridad (tanto
física como sanitaria) y dar Satisfacción al cliente.
Nos consideramos empresarios del siglo XXI que se
limitan a ofrecer con el mayor lujo y garantías
las instalaciones necesarias para que sus clientes
y clientas puedan alternan. Y como empresarios nos
alineamos con la libertad que asiste a los adultos
de ejercer el sexo como quieran» asegura José Luis
Roberto, secretario general de ANELA.
Sin embargo, tal y como pudo comprobar CRÓNICA en
el último local que ha obtenido este sello de calidad
el Cotton Club a las clientas de este local se les
impone por parte de la empresa la cantidad mínima
a cobrar por cada servicio y se les niega el derecho
a ocupar una habitación en el hotel en caso de que
no quieran trabajar sin causa justificada. La pregunta
al portavoz de ANELA es obligada: A pesar de lo
dicho ¿no es eso una forma de intervenir directamente
en el negocio de la prostitución? «Cada local tiene
sus reglas y en este caso el problema reside en
que las habitaciones donde duermen las chicas de
este club son las mismas en las que trabajan, y
además compartidas de tres en tres, por lo que si
una pretende quedarse descansando en la suya interfiere
en el trabajo de las otras», asegura Roberto.
Esta fórmula, novedosa en el mundo según ANELA,
les permite a los empresarios que se dedican a este
negocio sortear con éxito el limbo legal que existe
en España respecto a la prostitución.En nuestro
país está despenalizada y sólo es considerada delito
cuando atenta contra los derechos de los trabajadores
o se ejerce mediante inducción. «Aquí las chicas
son autónomas al no existir una relación contractual
con la empresa y desaparece la figura del proxeneta,
por lo que no hay coacción que valga» añade el secretario
de ANELA.
En nuestro país, la prostitución mueve al año unos
tres billones de pesetas y unas 300.000 mujeres
el 70% extranjeras se dedican a ella. Una chica
de un local como el Cotton Club puede ingresar una
media diaria de 50.000 pesetas (siete contactos
por jornada) y sus beneficios netos, tras descontar
los gastos de comida y las pernoctas en el hotel,
pueden llegar al millón de pesetas al mes, según
datos de la propia empresa. Desde ANELA afirman
que sólo sus afiliados facturan al año en torno
a 3.000 millones de euros (medio billón de pesetas)
«de forma legal y pagando escrupulosamente a Hacienda».
El resto es todo dinero negro y el Estado deja de
percibir unos 400.000 millones de pesetas en concepto
de impuestos.
¿EN LA CEOE?
Por eso, entre los objetivos de la asociación destaca
su inclusión en la Confederación Española de Organizaciones
Empresariales (CEOE) como miembro de pleno derecho
por su nivel de facturación.«Si dividimos todo este
dinero generado entre la población masculina adulta,
tomando como precio de referencia de cada relación
unas 10.000 pesetas, llegamos a la conclusión de
que cada españolito varón se gasta al año unas 400.000
pesetas o, lo que es lo mismo, mantiene 40 contactos
con prostitutas cada ejercicio una cifra increíble
. Por eso basta ya de hipocresía, porque este oficio
ha existido siempre y ya es hora de que alguien
lo regule en beneficio de todos, sobre todo de las
pobres chicas que están en manos de las mafias y
se pasan las noches muertas de frío buscando clientes
por los parques y calles de nuestras ciudades»,
aseguran desde ANELA.
Pero más allá del eterno debate sobre si la prostitución
debe o no regularse la propia alcaldesa de Valencia
y presidenta de la Federación Española de Municipios
y Provincias, Rita Barbera (PP) aseguraba recientemente
que es necesario regular el problema de la prostitución
con una norma hay personas y colectivos mucho más
sensibilizados con los problemas sociales que azotan
a este sector que con los puramente pecuniarios.
Éste es el caso de Rocío Nieto, presidenta de APRAM,
una asociación de apoyo al colectivo de las prostitutas,
para quien este tipo de empresas no supone ninguna
novedad: «El negocio es el de siempre: se habla
más de las prostitutas que de sus empleadores. Yo
creo que el auténtico control de calidad habría
que hacérselo a los clientes, porque las chicas,
por la cuenta que les tiene, lo llevan a rajatabla.¿Quién
les ha dado a estos señores esta autorización para
hacer algo así? Ellos son el auténtico problema...»
|